Tag Archive: Cuenca



Terminado
Hola amigos!
Hoy tenía preparada una entrada sobre mi día de escalada, pero por problemas técnicos se tendrá que posponer.
Ya ando por España, pero solo de vacaciones, y lo cierto es que , aunque echo mucho de menos mi amada Italia, no hay nada como volver al hogar. Y es que las hoces, el casco antiguo, la montaña, la sierra, siempre han estado ahí, pero no las he echado más de menos en toda mi vida. Tengo ansia de acampar en Alto Tajo, de trepar por el Alfar y los Paúles, de desayunar en el casco… ¡Cuánto tiempo no habré perdido, delante del ordenador, la consola, o detrás de la pelota y de algún que otro conejillo!

Lo que hoy os muestro es el trabajo conjunto de dos buenos amigos y un servidor. Los susodichos son Tere y Fito, dos personas con las que he pasado horas delante y detrás de la barra de un bar. Pero no de cualquier bar, sino de Las Cabañas el Sabinar, en la Vega del Codorno, mi pueblo.
La gran pasión de mi jefe, Fito, es el monte, y por ello convirtió su bar restaurante en un museo en honor a la naturaleza, al monte serrano del que todos disfrutamos y pocos sabemos valorar.
A unos 150 kilómetros de Madrid se encuentra un lugar excepcional, un rincón para dejarse llevar, donde, aunque parezca un tópico, las horas no parecen correr, y los meses pasan sin darte cuenta, hasta que la muerte de algún vecino te hace caer de golpe en una realidad que no hace honor a tan privilegiado lugar. Una realidad donde los pueblos no son rentables y la montaña queda olvidada. Tristemente no tardaremos en darnos cuenta de que el abandono del medio rural no es que no sea la solución, si no que se convertirá en un infierno, donde no importarán la bajada de la prima de riesgo, ni la rebaja del déficit. Pues las cifras no limpian el monte de hierba seca ni de ramas caídas, los rescates económicos no empuñan mangueras ni evitan que hectáreas se calcinen y que pueblos caigan en ruina. Muy en voga están las protestas por los recortes en sanidad y educación (y yo soy uno de los que grita hasta que se queda sin voz), pero lo cierto es que no nos paramos a escuchar los gritos de auxilio de pueblos y montes que están condenados a desaparecer en un ambiente social como el que se nos presenta, en el que, para aumentar el control que ya tienen sobre nosotros, nos quieren reunir a todos en las ciudades, pues manteniendo las ovejas en un solo y gran rebaño, es más fácil de hacer con ellas lo que les venga en gana.

Yendo a cosas un poco más alegres, os dejo un vídeo que realizaron Fito y Teresilla para darle promoción a la zona y al negocio donde tantos y tan buenos momentos he compartido tanto con ellos dos, como con mis buenos amigos Waky, Jose Ramón y el Gallino.

Y aquí unas fotillos que hemos ido haciendo para las rutas guiadas:
salto

Ciervo2

Ciervo Ojos

Ciervos2

Culetes

Defenderwaki

focarros

Liebreceta

Manada

Ojos Fito

Perfecta

Perfecta2

rayon

rayones

rayones2
Chorrero

Ciervas mirando

Ciervecetillo olmos

Ciervos fila

Ciervos lejos

Cuevezucha

Dehesa de los olmos

Mirador
Ésta no será la última vez que os cansinee con mi tierra queridos amigos.
Un abrazo!
Adrián Cardo Miota
@CardufoDaConca

Catedral de Cuenca


Hola de nuevo!

Curioseando entre los rincones más recónditos de internet he encontrado un dossier del Colegio de Arquitectos de Castilla la Mancha, en el que se recogían los alumnos de instituto premiados en el concurso anual que solían realizar en mis años mozos. El concurso consistía en mostrar detalles de tu ciudad que no eran las típicas postales turísticas.

Aquel año, yo, alumno del Colegio La Sagrada Familia de Cuenca, fiel (aunque sin talento) heredero de mi hermano, que años atrás consiguió el primer premio por un dibujo de la catedral de un realismo rallano en lo fotográfico, me presentaba con un A3 a acuarela de la antigua fachada de la catedral, con un estilo poco definido y elaborado. Pero azares del destino, quedé en segundo puesto, así que ahí os lo dejo:
 

Fachada antigua de la catedral de Cuenca – Adrián Cardo Miota

Fachada antigua de la catedral de San Julián de Cuenca / Fuente: //www.urbanity.es/f


Lo cierto es que aunque fuera joven, y al final quedara segundo, el dibujo no me gusta ni verlo, y como es el primero de los míos que subo al blog, en breves subiré alguno que sí me guste, para quedarme tranquilo.
Ale, un abrazo!

Adrián Cardo Miota
@CardufoDaConca


Hola amigos!

Hoy cambiamos un poco de tercio, y en vez de hablar de viajes y experiencias os voy a mostrar unas fotillos que he hecho hoy. No sé si lo sabréis, pero el antiguo ICONA (Instituto para la conservación de la naturaleza), emprendió la labor, hace ya un buen puñado de años, de poblar los bosques españoles de casas de madera para que los pájaros anidaran. Lejos de verse cumplido ese objetivo, las casas para pájaros se han convertido en objeto de búsqueda por parte de coleccionistas, que con ahínco buscan poseer la más variada selección de estos fetiches. Ahí van algunas que he visto en casa de un amigo:

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Aprovecho, y os pongo un enlace al primer capítulo de El Hombre y la Tierra, que está ambientado en mi pueblo, las Majadas, en el parque del Hosquillo, de ICONA. Harto estoy de oir a mi abuelo contar que el llevaba a Felix Rodríguez de la Fuente en su furgoneta:

Ale amigos, os prometo que en breves os volveremos a hablar de nuestras aventuras!

Adrían Cardo Miota

@CardufoDaConca


Una tarde de lluvia de las que hacía tiempo que no veíamos en Cuenca me alcanzó cuando salía de comprar el pan en La Golondrina, de Ramón y Cajal. Desde hacía varios años a mi madre le gustaba comer los domingos con el pan de la abuela, de la Golondrina, así que aquella mañana cogí mi Vespino y allí estaba, con un pan bajo el brazo mientras afuera caía el diluvio universal. ¿Qué le voy a hacer? – me dije.
Salí de la tienda tapándome la cabeza con el pan y gire a la derecha para enfilar el Camino Cañete, donde tenía aparcada mi moto. Al ver El Roco, se me ocurrió que sería un buen momento para tomar un café.
– Un carajillo de coñac, negro como el humo. – pedí – A ser posible de Carlos I.
– Lo siento señor, se nos acaba de terminar, ¿ lo quiere de Terry?
Vaya faena, perdía una valiosísima mañana en un bareto de mala muerte, calado hasta los huesos, y ni siquiera podía disfrutar de un chorrillo de mi coñac favorito en el café.
– Tome, es Carlos I– dijo una voz a mi derecha. Me giré y me encontré con un hombre de unos cincuentaitantos, moreno y de rostro cansado, que me tendía una copita. – No lo he tocado.
– Gracias – le dije mientras echaba un poquito de ese sabroso líquido ámbar en mi café. – A quién tengo el honor de agradecer este favor.
– Me llamo Mauricio – me contestó mientras me tendía un cigarrillo – Mauricio Romero.
– Yo Adrián Cardo. Encantado
No fumo, pero me pareció que la ocasión lo merecía, así que salimos a la puerta, y cubiertos bajo el angosto soportal fumamos el uno al lado del otro.
– Y a qué te dedicas Adrián – me preguntó, tras lo cual soltó una bocanada de humo hacia el cielo encapotado. Era la suya una voz “jonda” como gusta de llamarlas mi padre.
– Estudio medicina.
– Buen oficio el de médico.
– ¿ Y usted? – le pregunté mientras cogía otro cigarrillo que Mauricio me ofrecía.
Dio una calada a su cigarro antes de contestar:
– No quieras saberlo
Tiró la colilla al suelo, y tras estrujarla con el pie, se sacó un paquete del bolsillo que me tendió. – Considéralo en pago por mi café, porque no sé cómo se tomará el colega que le diga que lo apunte en mi cuenta.
– Claro – le dije extrañado. Le di la mano y este la apretó con su diestra larga y fuerte.
Lo vi encenderse otro cigarrillo mientras marchaba calle abajo. ¡Qué tipo tan raro!
Pasé dentro, apuré mi café, pagué la cuenta de ambos, y de nuevo pan bajo el brazo abrí la puerta del bar. Había parado de llover. Busqué mi moto y cuando fui a echar mano a las llaves caí en la cuenta de que aún no había abierto el paquete.
Rompí el papel marrón apagado que lo envolvía y cuál fue mi sorpresa cuando vi la portada del libro que ante mí se mostraba:

Al llegar a casa y dar buena cuenta del pan, mojándolo en una buena fabada asturiana, se me ocurrió buscar por internet sobre el tema, y encontré el libro colgado en internet. Aquí os dejo el enlace:
http://www.bubok.es/libros/208476/Los-casos-de-Mauricio-Romero-el-detective-de-Cuenca
También podréis encontrarlo en breve en las librerías de Cuenca al módico precio de 12 paves.

@CardufoDaConca
Adrián Cardo Miota


Catedral de Cuenca de noche/Fuente: http://www.wikipedia.org

Las campanadas de Mangana anuncian que pasan unas horas de la medianoche, es invierno, enero, febrero, ¿qué más da? Esta es una de esas noches en las que nadie sale a la calle porque hasta se te escarcha el ánimo y la voluntad.

En esto un hombre camina presuroso, se encuentra en esa frontera difusa en la que no se es anciano pero tampoco se es un adulto, rondaría  los 60, pero su

Torre Mangana /Fuente: http://juanradeluz.blogspot.com

aspecto es muy macilento. Tiene la tez morena, y a consecuencia de ello el pelo negro como el coque, junto a ello una barba que le da un aspecto aun más desaliñado. Carga sobre la espalda un macuto remendado con varios parches y como consecuencia camina encorvado. Mantiene una batalla en solitario contra la gélida noche y el único arma para combatirla es un pesado  sayo con el que intenta resguardarse de un frío seco que entra hasta por el más ligero resquicio.

Camina rápido, con la cabeza gacha, enfilando ya el inicio de la bajada de la calle Julián Romero, esa calle estrecha y alargada que serpentea en paralelo a la calle San Pedro. Sus pasos son firmes y seguros. Avanza totalmente ajeno a cuanto sucede a su alrededor, con la mente puesta en encontrar algún lugar en el que poder calentarse mínimamente.

Cuando ha avanzado los primeros metros de la tortuosa calle algo lo saca de su ensimismamiento, escucha unos pasos por detrás a los que en un primer momento opta por ignorar. Conforme sigue adelante, los pasos no se detienen y llega un momento en el que no los puede obviar. Sin perder la calma en ningún momento, paulatinamente acelera su caminar.

Pasadizo de la calle Julián Romero/ Fuente:http://juanradeluz.blogspot.com

¡Oh vaya! Cuál es su sorpresa al darse cuenta que los pasos que le siguen se precipitan al mismo ritmo y  cadencia que los suyos. A la altura del Cristo del Pasadizo no aguanta más y  decide frenarse en seco y girar sobre sí mismo para mirar hacia atrás, conforme se para, la calle queda de nuevo en un silencio sepulcral, lo cual hace que se disipe la poca tranquilidad que pudiera quedarle. Da la vuelta despacio, como si no desease descubrir aquello que tenía detrás. Inspira una profunda bocanada de aire que le entumece hasta el espíritu, y cuando finalmente contempla tras de sí el tramo que acababa de recorrer, descubre la calle totalmente desierta, es en este momento en el que cualquier atisbo de calor desaparece de su ser.

Cristo del pasadizo /Fuente:http://juanradeluz.blogspot.com

Escudriña con la mirada cualquier rincón oscuro y cualquier soportal en el que hubiera podido esconderse su desconocido perseguidor. Al no ver nada, ni atisbar rastro de nadie dibuja una sonrisa de falsa seguridad y  confuso supone que todo ha podido ser producto de su imaginación. Decide girar de nuevo sobre sus talones y continuar con la bajada contemplado ya la cara lateral de la Catedral.

Comienza a caminar cuesta abajo e instantáneamente los pasos se reproducen, ante esto, olvida todo cuanto pueda tener en la cabeza y sale corriendo con un enorme estruendo de pisadas, y aunque en un principio ensimismado en los violentos latidos de su corazón parece no escuchar nada, pronto descubre que los pasos tras de sí vuelven a resonar en la calle.

Todo le pesa, lanza el macuto y se desembaraza del sayo y los 20 segundos que tarda en recorrer la distancia hasta la catedral se tornan infinitos. Finalmente sin aliento, y con las primeras gotas de sudor perlando su frente y desafiando al frío, hace su aparición en la Plaza Mayor de Cuenca, mira hacia atrás y de nuevo no hay rastro de nadie, al igual que en la plaza, donde en las esquinas se apilan pequeños montones de hielo y nieve ennegrecidas por las pisadas. Sus pertenencias rocían la recién abandonada calle, y allí seguirían puesto que no quiso aventurarse a recuperarlas.

Se sentó en el murete que separa la Plaza Mayor de la Calle Pilares, ya totalmente ajeno al frío que le rodeaba, contemplando la Catedral que se había mantenido en el mismo sitio durante tantos siglos, eso lo tranquilizó. Allí aguantó hasta que en torno a las 7 de la mañana momento en que el sol rompió el crepúsculo, solo entonces fue capaz de ponerse en pie y retornar sobre  sus pasos para recuperar sus pertenencias, que por supuesto, allí seguían.

Se resignó y se dirigió a la calle Alfonso VIII y lentamente bajó, con el miedo aun calado en el tuétano. Ni se le pasaba por la mente buscar acomodo para dormir, lentamente arrastró sus pies hasta la churrería de la plaza del mercado donde ni el café má caliente ni el gentío que atestaba el local pudo calentarle el ánimo.

Fernando Guardia O’Kelly

@fer_guardia