Se nu te scierri mai delle radici ca tieni
rispetti puru quiddre delli paisi lontani!
Se nu te scierri mai de du ede ca ieni
dai chiu valore alla cultura ca tieni!
Simu salentini dellu munnu cittadini,
radicati alli messapi cu li greci e bizantini,
uniti intra stu stile osce cu li giammaicani,
dimme mo de du ede ca sta bieni!

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A las 9:00 de un día cualquiera nos dimos cita en la arada de metro de Conca d’Oro, donde la buena de Flavia vendría a recogernos. Con el ya previsto retardo de los valencianos, fuimos a desayunar a un bar,  unos 45 minutos después cogimos rumbo al Grande Raccordo Annulare, para después tomar la Autostrada Firenze Napoli.  Y así hicimos, pero en dirección contraria,  por lo que tuvimos que dar vuelta a unos 20 kilómetro de desvío…

Unas seis horas de viaje nos esperaban, así que hicimos unas cuantas paradas en estaciones de servicio, donde Felipe y yo  empezamos a darnos cuenta de que gastaríamos más de lo previsto.

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Sin noticias del Molise ni de la Basilicata, nos dimos de bruces con el cartel que nos daba la bienvenida a Puglia, para lo que Flavia nos tenía prevista una sorpresa, y no era otra que Vieni a Ballare in Puglia de Caparezza.

El plan original pasaba por no parar hasta Lecce, pero el cansancio y las ganas de baño nos llevaron hasta Polignano a Mare, donde disfrutamos de la primera de las innumerables calas paradisíacas de la Puglia. Un mar traslucido que a decenas de metros de altura ya nos mostraba la belleza de las rocas de su fondo, toda una gozada.

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Yo, sin toalla, y con la cámara de fotos en mano, esperé a bañarme el último, y me quedé con Flavia, aprovechando para hacerle alguna foto, pues nos quedaba nada más que una semana juntos, y no tenía ni una foto suya. SONY DSCDespués de lo cual me fui con Felipe a nadar, y dimos con una pequeña cueva bajo el acantilado, con dos entradas, aquella por la que nos introducimos, y otra, con la que no pudimos dar, pero por la que se filtraban unos rayos de luz que daban al agua un color turquesa que parecía de película.

Hice por vez primera en mi vida snorckeling con el equipo de Flavia, y me quedé prendado de ese deporte y de las maravillas que el fondo marino te brinda haciendo una compra de no más de 30 euros. Una nueva forma de vivir las vacaciones playeras.

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Continuamos nuestro camino hacia el Salento,

SONY DSChaciendo nuevamente escala, esta vez en Alberobello,SONY DSC pueblo pintoresco formado por Trulli, construcciones en piedra cuyo origen se remonta a edad prehistórica, pero cuyo periodo de máxima extensión fue en el alto medievo, cuando, para evitar el pago de impuestos, los agricultores del lugar al caer la tarde construían estos singulares edificios, y al salir el sol los volvían a desmontar.

Saliendo de Alberobello, Flavia llamó a Mata, un viejo amigo del lugar, que nos ofrecería quedarnos a dormir en su casa, ofrecimiento al que no pudimos negarnos pues no teníamos a donde ir, y Lecce aún quedaba lejos. Quedamos en Cisternino, y  desde allí nos dirigió a su finca donde vivía con su padre… en un Trullo. La rabia que me inundó al salir de aquel lugar y darme cuenta de que no había hecho ni una sola foto, de difícil modo puedo reproducir, pues la belleza y lo peculiar del lugar no tienen nombre. Se trata de un viejo trullo donde originalmente almacenaban y trataban la uva para hacer vino, al que Mata y su padre habían adosado una casa que casaba perfectamente con esa construcción tradicional. Y la cosa no terminaba ahí, pues además del trullo, contaban con unas cuantas hectáreas de terreno que habían dedicado al cultivo ecológico de hortalizas, formando con sus vecinos un microsistema de subsistencia donde cada cual aportaba con lo que cultivaba.

Pasamos una bella serata entre primitivo y hierba albanesa, que terminaría con un baño nudista (por mi parte) en la piscina de los vecinos alemanes de Mata… Montamos las tiendas de campaña en su parcela y un po’mbriacos nos fuimos a dormir.SONY DSC

Al día siguiente, como agradecimiento por su hospitalidad, ayudamos a montar una Tienda-Sudatorio que se estaba construyendo el padre de Mata, tras lo cual, pusimos rumbo a Otranto.

Antes del pueblo se encuentra Bahía dei Turchi, una pequeña cala rodeada de acantilados en la que nos dimos un baño, hicimos snorckeling, y como no (maldito Carlo) jugamos al frisby. Al salir del paraje encontramos un campo de labor que nos serviría como acostadero para la próxima noche, pero primero, iríamos a Otranto.

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El pueblo es una auténtica preciosidad, de origen multicultural (greco, bizantino, aragonés), se erige en torno al gran castillo medieval,  constituye el punto más oriental de la península itálica, y recibe su nombre por el canal d’Otranto, que separa Italia de Albania. Dimos un bonito paseo por las murallas en el que Flavia y yo planeamos futuros veranos en barca recorriendo el Mediterráneo que sería más que bello que se realizaran, ¡cuánto  ha terminado cautivándome esa dichosa romana! Tras tomar el primero de muchos pasticciotti, tornamos a Bahía dei Turchi y nos echamos a dormir, Felipe y Eulalia en el coche, y Carlo acostado al lado de Flavia y yo que pasamos buena parte de la noche mirando el cielo y buscando constelaciones.

Adrián Cardo Miota

 

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