Catedral de Cuenca


Hola de nuevo!

Curioseando entre los rincones más recónditos de internet he encontrado un dossier del Colegio de Arquitectos de Castilla la Mancha, en el que se recogían los alumnos de instituto premiados en el concurso anual que solían realizar en mis años mozos. El concurso consistía en mostrar detalles de tu ciudad que no eran las típicas postales turísticas.

Aquel año, yo, alumno del Colegio La Sagrada Familia de Cuenca, fiel (aunque sin talento) heredero de mi hermano, que años atrás consiguió el primer premio por un dibujo de la catedral de un realismo rallano en lo fotográfico, me presentaba con un A3 a acuarela de la antigua fachada de la catedral, con un estilo poco definido y elaborado. Pero azares del destino, quedé en segundo puesto, así que ahí os lo dejo:
 

Fachada antigua de la catedral de Cuenca – Adrián Cardo Miota

Fachada antigua de la catedral de San Julián de Cuenca / Fuente: //www.urbanity.es/f


Lo cierto es que aunque fuera joven, y al final quedara segundo, el dibujo no me gusta ni verlo, y como es el primero de los míos que subo al blog, en breves subiré alguno que sí me guste, para quedarme tranquilo.
Ale, un abrazo!

Adrián Cardo Miota
@CardufoDaConca

Casas para pájaros ICONA


Hola amigos!

Hoy cambiamos un poco de tercio, y en vez de hablar de viajes y experiencias os voy a mostrar unas fotillos que he hecho hoy. No sé si lo sabréis, pero el antiguo ICONA (Instituto para la conservación de la naturaleza), emprendió la labor, hace ya un buen puñado de años, de poblar los bosques españoles de casas de madera para que los pájaros anidaran. Lejos de verse cumplido ese objetivo, las casas para pájaros se han convertido en objeto de búsqueda por parte de coleccionistas, que con ainco buscan poseer la más variada selección de estos fetiches. Ahí van algunas que he visto en casa de un amigo:

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Aprovecho, y os pongo un enlace al primer capítulo de El Hombre y la Tierra, que está ambientado en mi pueblo, las Majadas, en el parque del Hosquillo, de ICONA. Harto estoy de oir a mi abuelo contar que el llevaba a Felix Rodríguez de la Fuente en su furgoneta:

Ale amigos, os prometo que en breves os volveremos a hablar de nuestras aventuras!

Adrían Cardo Miota

@CardufoDaConca

Seres mitológicos


Aunque nuestro blog tiene más de viajes y vivencias, me parece indispensable iniciar esta serie de seres mitológicos que nos hemos ido encontrando  a lo largo de nuestras vidas, y quién mejor para inaugurar que nuestro querido:

Barnabus Burwinkle

Sicilia


Isla de Sicilia

Isla de Sicilia

Si Italia es una bota, Sicilia es el balón pateado por esta. Se trata de la isla más grande del Mediterráneo, bañada por el Tirreno por el norte y separada de la península itálica por un estrecho de Messina de tan solo 3 km en su parte más angosta, es un lugar espectacular para ver visitar y conocer.
Lo ideal es poder dedicar una semanita, si es más si es menos no importa, pero conviene pasar unos días para desentrañar la enorme riqueza que esconde esta isla.
Su capital Palermo tiene más de 2800 años de historia desde que fuera fundad por los fenicios. En ella existe una mezcolanza de culturas y civilizaciones que la han ido enriqueciendo hasta lo que es hoy.
La ciudad respira un aire envejecido absolutamente encantador, un período permanente de decadencia que deja entrever su pasado nobilísimo y su riqueza de tiempos pasados. Es como una mujer anciana y ajada por al trasiego de la vida a la que entre sus arrugas podemos presentir una embriagadora belleza en su juventud.

Los grandiosos palacios, los majestuosos teatros, las ricas plazas y fuentes barrocas y los refrescantes jardines de influencia árabe, se alternan con calles desvencijadas y enmohecidas, muros desconchados y oscurecidos por el tiempo y enormes casas aristocráticas ya abandonadas y aguantando a su suerte.
Es una ciudad muy particular que a mí personalmente me encanta.
Muestra de esta mezcla de culturas es la Catedral, una catedral Árabe-normanda construída sobre una antigua mezquita árabe que fusiona varios estilos arquitectónicos. Se deja ver la influencia normanda en sus ricos mosaícos y la decoración mural que se combina con arcos de herradura árabes y techos abovedados, la influencia oriental también queda patente en el patio interior todo repleto de palmeras.

Catedral de Palermo

Catedral de Palermo

Palermo ha estado poblada desde su fundación por fenicios, griegos, cartagineses, romanos, árabes, normandos e incluso españoles. Esto ha dado lugar además de a una riquza artísitca sin par, a unas gentes únicas y a una gastronomía muy particular con rasgos de todo el Mediterráneo.
La sociedad palermitana en particular y siciliana en general, es una sociedad mucho más abierta y familiar que la del norte de Italia. Se realiza una vida mucho más callejera y cercana que queda reflejada en sus usos y costumbres. Un ejemplo que merece la pena visitar es el Mercado de la Vucchiria, un mercado que hace abstece de productos frescos a los habitantes de la ciudad y donde podemos encontrar frutas, verduras, carnes, pescados, especias o telas. Es un espectáculo de gritos, carreras, aromas y colores. La influencia árabe queda muy clara al ser muy similar a los zocos de ciudades del norte de África como Marraquech o Túnez.Mercado de la Vucciria
Si tenemos la suerte de poder desplazarnos por la isla, la primera parada que voy a recomendar es la ciudad de Taormina. Taormina ha sido a lo largo del siglo XX la ciudad de veraneo de la nobleza Siciliana, como resultado tenemos una ciudad que resepira un aire muy alegre y jovial, con gran cantidad de tiendas. Posee un espectacular teatro griego del siglo IV A.C cuyo emplazamiento es verdaderamente espectacular. Erguido sobre los acantilados que dan al Mediterráneo por un lado y con el volcán Etna de telón de fondo.

Teatro greco-romano en Taormina

Teatro greco-romano en Taormina

Ya que estamos en Taormina deberíamos aprovechar para hacer una incursión al volcán. El más alto de todos los activos en Europa con 3322 M entró en erupción por úlima vez en 2008. Conduciermos por una carretera que nos dejará a los pies de un telecabina que nos dejará casi en la cumbre.
La segunda parada y lugar que yo no pude visitar es Siracusa. Cuna de Arquímedes y ciudad históricamente muy pugnada por reyes y tiranos. Destaca la isla de Oritigia con la que yo encontré cierto paralelismo con Cádiz. Una pequeña Isla, convertida en península por medio de ppuente y completamente amurallada, en forma de fortaleza marítima.

Vista aérea de Siracusa y Ortigia

Vista aérea de Siracusa y Ortigia

La tercera parada es Agrigento, ciudad que en sí no conozco pero que cuenta con la particularidad de encontrarse junto al Valle de los Templos.
Se trata de un conjunto de siete templos griegos monumentales hexástilos en estilo dórico. Actualmente excavados y en parte restaurados, constituyen parte de los edificios griegos más antiguos y mejor conservados fuera de la propia Grecia. Por orden de importancia son los siguientes:
Templo de Hera
Templo de la Concordia
Templo de Zeus Olímpico
Templo de Heracles
Templo de Hefesto
Templo de Asclepio
Templo de los Dioscuros

Templo consagrado a Hera

Templo consagrado a Hera

Retrato de Don Vito Corleone

Retrato de Don Vito Corleone

Terminando esta vuelta a la isla, desde Agrigento casi trazaremos una recta hasta Palermo, pero si queremos hacer un pequeñísimo desvío de pocos kilómetros
encontraremos la mítica ciudad de Corleone

Corleone saltó a la fama por ser la ciudad natal de Don Vito Andolini, más conocido como Don Vito Corleone, personaje ficticio de El Padrino de Mario Puzo. Aunque si este personaje es ficticio, la ciudad siciliana si que ha dado numerosos capos mafiosos.

La ciudad en sí poco tiene que ver, es más un reclamo para los mitómanos.

Los habitantes ya acostumbrados a ser mirados con recelo hacen la vida normal de cualquier persona y si alguien sueña con ver a elegantes gángsters trajeados o muestra alguna de actividad mafiosa, probablmente se quedará con las ganas. Existe un centro de interpretación y documentación de la Mafia, que si te interesa el tema es absolutamente imperdible.
Ya de vuelta a Palermo, os dejo de nuevo en el Aeropuerto Borselino y Falcone y yo me despido y os invito a conocer esta isla tan sumamente especial.

Fernando Guardia O’Kelly

@Fer_Guardia

Rotterdam Amsterdam


Rotterdamm

Nuestra primera intención al visitar Holanda, no era sino conocer Amsterdam y poco más, iban pasando los días y priorizábamos otros destinos, pero no recuerdo donde encontramos algo que haría que nuestro itinerario se viese alterado.
De lo que hablo es de una publicidad de un albergue en la ciudad de Rotterdam, que cumplía todas nuestras expectativas:
• Era barato hasta decir basta, a eso de 10 euros la noche con desayuno.
• Estaba al lado de la estación de tren, y la frecuencia de viajes Rotterdam-Amsterdam era de 15 minutos
• Ya de paso veíamos una nueva ciudad
Estas razones de peso nos convencieron y para allá que fuimos. Llegamos al albergue y el concepto era totalmente diferente. Nada más entrar cafetería con sofás, juegos de mesa, y a la izquierda una puerta conducía a la zona de dormir, sé que es una calificación un poco abstracta pero es que no sé como denominar a un barracón (antigua pista de patinaje sobre hielo) con más de 200 literas.

Era algo tarde, así que tras desempacar nuestros enseres salimos a pasear por la ciudad. Era una tarde gris, no hacía calor y las calles estaban extrañamente deshabitadas, o ese es el recuerdo que tengo. No habíamos preparado nada, así que echamos a andar sin rumbo aparente. Rotterdam es una ciudad espectacular, pero no tiene nada que ver con ciudades vecinas de la zona de Países Bajos. Muchísima arquitectura moderna, enormes rascacielos, puentes inmensos y un puerto que si digo que era monumental me quedo corto.

Así transcurrió la tarde, sin visitar nada en particular. Al regreso al albergue conocimos a dos mozos madrileños, cuyo nivel canábico rozaba la sobredosis. Decir que intentamos jugar a las cartas con ellos y ni siquiera eran capaces de mantenerlas en las manos, dicho esto queda claro que fue imposible mantener una conversación medianamente coherente con ellos. Los abandonamos en una mesa y nos encaminamos hacia un cofee shop. El único mayor de edad era yo, por lo cual mis compañeros no podían ni entrar, así que allá que fui yo.
Entré en uno que quedaba cerca del albergue con cara de entendido, y tras intercambiar unas pocas opiniones con el dependiente en mi rudimentario inglés, me dio el menú. Yo elegí una al azar que recuerdo que costaba 6 euros. Tras hacer el intercambio salí de allí creyéndome Tony Montana. En Holanda es legal fumar dentro de los Cofee Shop, pero fumar en la calle está penado así que buscamos un rincón apartado y bajo la atenta supervisión de uno de nuestros espabilados amigos madrileños rulamos y fumamos el canuto.
De vuelta al albergue, nos duchamos por turnos y al haber sido yo el primero subí a leer un rato a los sofás, al rato se me sentó al lado una chica, creo que se llamaba Jessica, Tiffany o algún nombre del estilo. La chica en cuestión era de Carolina del Sur y se dirigió a mi en un extraño castellano, con una mezcla de acento entre americano y peruano, pues como luego me explicó había estado un verano en Perú.
Estuvimos hablando y me invitó a ir con ella a cenar, yo por supuesto acepté por lo que ella sonrió, sonrisa que no tardó en esfumarse cuando me apresuré a invitar a mis dos amigos a que nos acompañasen.
Mi amiga, ahora nuestra amiga, nos condujo a un restaurante de Surinam y nos reveló que era vegetariana, aunque eso no supuso un perjuicio para nosotros pidiéramos una estupenda parrillada de carne que contrastaba con la tristeza de su plato de tofu.
De vuelta al albergue de nuevo se dirigió a mí en confianza a ver si quería acompañarla a un coffee, a lo que yo nuevamente respondí que mis amigos eran menores así que no, ella harta de mis pocas luces suspiró para sí misma y me dejó ahí plantado. No la volvería a ver.
Nuestro día por tanto terminó aquí, nos encaminamos a ese inmenso dormitorio más propio de Auschwitz que de un albergue y entre una orquesta de ronquidos y otros extraños ruidos guturales nos dormimos.
A la mañana siguiente madrugamos y pudimos descubrir los misterios del desayuno del albergue. Era bastante decente, lo recuerdo bastante bien, mermelada, mantequilla de cacahuete tostadas, café y té.
Tras desayunar cogimos un tren y fuimos para Amsterdam, capital por excelencia del vicio además de otras muchas cosas como Holanda.
Una vez en la ciudad, echamos a andar y llegamos a la plaza del Dam, corazón de la ciudad, para llegar hasta allí atravesamos buena parte de la ciudad y ya nos fuimos empamando de su esencia. Una enorme multiculturalidad, una ciudad muy europea, de casas de ladrillo bajas, al estilo de Gante, pero con una población radicalmente distinta, mucho más urbanita. Mientras caminabas, enjambres de bicis te pasaban zumbando a los lados como nubes de furiosas abejas.
Una vez en la plaza nos planteamos qué hacer, ante ofertas culturalmente tan buenas como el museo Van Gogh o el museo Rembrandt y otras muy sugerentes como el museo del sexo o el museo de la marihuana, decidimos ir al museo de las ciencias. Nada más entrar nos preguntamos qué clase de enajenación mental transitoria nos había arrastrado hasta ese lugar. Prefiero evitar hablar de lo que vimos allá dentro pero recomiendo no ir a aquellos que tengan más de 8 años.
Pero bueno aun quedaba uno de los platos fuertes para la tarde así que nos dirigimos al mítico Barrio Rojo. Tras atravesar canales y rodear plazas y plazuelas llegamos al barrio rojo, atestado de turistas atraídos por la tentación de lo prohibido. Las chicas te hacían gestos desde los escaparates y había que tener una voluntad de acero o muy poco dinero (como en nuestro caso) para no sucumbir a los encantos de ,por lo general, tan imponentes físicos. Curioseamos por todas las callejas. Las luces de neón ya de por sí abundantes daban una mayor sensación al verse reflejadas en el canal. Cuando la noche empezó a caer, los relaciones de las discotecas empezaron a asaltarnos para que fueramos a alguna fiesta, pero el problema de viajar con tan poco dinero es que salir a una discoteca puede suponer que al día siguiente no tengas para comer, así que cabizbajos rechazamos las propuestas una y otra vez.
La noche ya iba cayendo y volvimos a la estación para retornar a nuestro albergue en Rotterdam, esa noche en el albergue nos prestaron una guitarra y estuvimos cantando un rato en los sofás en compañía de dos chicos finlandeses que a cambio nos invitaron a un par de cervezas. Antes de dormir aun encontramos otra sorpresa y es que al llegar a la macrohabitación, a Leopoldo le habían robado los calcetines y dos camisetas, tras la consiguiente risa general, nos dormimos hasta el día siguiente. Día en que por fin llegaríamos a Alemania.

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Fernando Guardia O’kelly